El contenido de esta nota tiene fines informativos y generales. El cuidado de la piel puede variar según cada persona, su tipo de piel, antecedentes y nivel de exposición al sol, por lo que siempre es recomendable consultar con un/a dermatólogo/a para recibir indicaciones personalizadas.
En la actualidad, el uso de protectores solares también es un tema de debate. Algunas personas eligen reducir o evitar su uso debido a inquietudes sobre la composición de ciertos productos, sus ingredientes o su impacto en la piel y el ambiente. Por eso, es importante informarse, leer etiquetas y tomar decisiones conscientes, acompañadas por la orientación de un profesional de la salud.
El sol y la piel: una relación que requiere atención
El verano invita a disfrutar más tiempo al aire libre, pero también expone la piel a uno de sus mayores desafíos: el sol. La exposición solar constante, sin protección adecuada, puede provocar desde envejecimiento prematuro hasta problemas cutáneos más serios. Por eso, entender cómo cuidar la piel en verano no se trata de alarmarse, sino de incorporar hábitos simples y sostenidos.


Protector solar: la base de cualquier rutina
Uno de los pilares del cuidado de la piel es el protector solar. No todos los productos ofrecen la misma protección. Los protectores de amplio espectro ayudan a defender la piel tanto de los rayos UVA, relacionados con manchas y arrugas, como de los UVB, responsables de las quemaduras solares. Para el uso diario se recomienda un FPS mínimo de 30, y uno más alto si la exposición será prolongada, como en la playa o la pileta. Un detalle clave: el protector necesita unos minutos para activarse, por lo que conviene aplicarlo antes de salir de casa.
La importancia de reaplicar y usar la cantidad correcta
Un error frecuente es no reaplicar el protector solar. El sudor, el agua y el roce con la ropa hacen que su efecto disminuya con el paso de las horas. Reaplicarlo cada dos horas ayuda a mantener una protección más efectiva. También es importante usar una cantidad suficiente: en el rostro, una referencia práctica es la medida de dos dedos; para el cuerpo, una cantidad generosa que cubra bien la piel.


Protección física: sumar barreras al cuidado diario
Más allá de las cremas, existen otras formas de reducir la exposición solar. La protección física cumple un rol importante: usar gorra o sombrero, anteojos de sol con filtro UV y ropa liviana que cubra la piel ayuda a disminuir el impacto directo del sol, especialmente en las horas de mayor intensidad.
Hidratación y limpieza en épocas de calor
Durante el verano, la piel también tiende a deshidratarse más rápido. El calor y la transpiración afectan su equilibrio natural, por lo que mantener una rutina de hidratación diaria es clave. Las cremas livianas, los productos calmantes después de la exposición y una limpieza suave ayudan a que la piel se recupere mejor al final del día.
La hidratación interna como aliada de la piel
El cuidado no termina en lo externo. La hidratación interna influye directamente en el aspecto de la piel. Beber agua con frecuencia y consumir alimentos frescos, como frutas y verduras ricas en antioxidantes, acompaña el proceso natural de regeneración cutánea.
Cuidar la piel en verano no implica dejar de disfrutar del sol, sino hacerlo con mayor conciencia. Con protección solar, hidratación y pequeños hábitos diarios, es posible atravesar esta época cuidando la salud y el aspecto de la piel a largo plazo.

Consejos y buenas prácticas para cuidar la piel del sol
- Usá protector solar todos los días, incluso cuando esté nublado o no vayas a la playa.
- Elegí protectores de amplio espectro que protejan contra rayos UVA y UVB.
- Aplicá el protector solar al menos 20 minutos antes de exponerte al sol.
- Reaplicá cada 2 horas, especialmente si transpirás, nadás o te secás con toalla.
- Evitá la exposición directa en las horas de mayor intensidad solar.
- Limpiá la piel a diario para eliminar restos de sudor, protector y contaminación.
- Hidratá la piel después del sol con productos calmantes y humectantes.
- Tomá suficiente agua durante el día para mantener la hidratación interna.
- Consumí frutas y verduras ricas en antioxidantes.
- Recordá que el bronceado no significa protección natural.